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* El maltrato del Banco de Crédito en Trujillo
viernes, 12 de mayo de 2006

Por Carlos M. Gonzales Moreno

Una experiencia amarga con sabor a maltrato me ha tocado vivir la tarde de ayer en el Banco de Crédito de Trujillo. Ahora, luego de vivir en carne propia la falta de consideración por sus clientes, me siento plenamente identificado con aquellas personas que luchan heroicamente para defender los derechos de los consumidores.

A vísperas del primero de mayo (Día del Trabajo), un viernes, llegué a la oficina de Gamarra, en el centro de la ciudad, para retirar un dinero y pasar un alegre Primero de Mayo. Un sonriente jovenzuelo me enfrío el alma cuando me dijo muy alegre: “Su cuenta está bloqueada, señor. ¿Puedo servirlo en otra cosa?”.
Desencajado y de mal humor tomé el teléfono interno de la agencia bancaria. Entre un mar de gente, me comuniqué con Lima y, bueno, el Servicio de Administración Tributaria de Trujillo (SATT) había interpuesto una medida cautelar de retención en esta entidad bancaria por una deuda de costas y gastos. Inmediatamente, fui al SATT y me indicaron que no me atenderían hasta el martes, pues el sábado no trabajaban y el lunes era feriado.
Con algún sentimiento de responsabilidad, esperé al martes 2 para una cita en el SATT, en el pasaje San Agustín, con la auxiliar coactiva Vanesa Márquez. Finalmente, hablé con Víctor Hugo, quien me facilitó, gentilmente, el proceso para pagar mi deuda.
Víctor Hugo me aseguró que, a más tardar el viernes 5, desbloquerían mi cuenta en el Banco de Crédito. La verdad que ya era mucho, porque se me habían vencido varios recibos en Saga, Telefónica, Hidrandina, entre otros, además de un préstamo que tengo en el mismo Banco de Crédito y que no me podían descargar porque justamente ellos mismos restringieron el acceso a mi dinero.
Bueno, el fin de semana no pasó nada. Lunes 8 y martes 9, por el trabajo, apenas pude ir al cajero de la avenida Húsares de Junín, pero, igualmente, nada.
El miércoles 10 llegué nuevamente a la oficina del Banco de Crédito, en la calle Gamarra. Me informaron que debía bajar al sótano, al costado de plataforma, y conversar con Patricia Palomino. Empujé la puerta y me encontré con una mujer blanquita, bajita y seria. Me dijo que la notificación recién les había llegado el día anterior y que, lamentablemente, recién al siguiente día, a las cinco de la tarde, desbloquearían mi cuenta.
Jueves 11, seis de la tarde. Una chica con la sonrisa a flor de labios me irrita una vez: “Señor, su cuenta está bloqueada. ¿Puedo atenderlo en otra cosa?”.
Inmediatamente, bajé ya enfadado a conversar con Patricia Palomino. “Su cuenta debería estar desbloqueada”, me dice igual de seria. Llama por teléfono, pero nadie le quiere responder. Hasta que por fin alguien se digna hablarle. “Pero no puede ser, yo entiendo que no pagan horas extras, pero debería haberlo desbloqueado antes. ¿Y yo qué hago?, ¿qué le digo al señor?, además tiene un préstamo en el banco y no le pueden descargar”. Sus palabras ya me sonaban a lavada de manos y a disculpas anticipadas. Sin embargo, termina sonriendo y dándole besitos a su partner de Lima.
Cuelga y cruzamos algunas palabras. Me ofrece mil disculpas, que la culpa es de ellos, que es por los horarios, que no pagan horas (o sea yo pago el pato), pero no puede hacer nada y que mañana, a primera hora. En conclusión, nadie le hizo caso y está pintada en ese escritorio. Me anota el celular y me asegura que me llamará muy temprano. Le doy de mala gana porque sé que no me timbrará y tampoco quiero escucharla más en mi vida.
Irritado, subo a conversar con el Jefe de la Oficina de Trujillo del Banco de Trujillo, que es un tal Norman Galindo. Lo espero estoicamente 25 minutos. Llega feliz acompañado de una guapa chica. Me mira, abre su puerta y entra. Le firma un papel a la fémina y yo entro sin invitación a su oficina. Se echa sobre su silla, con su camisa blanca y cara de buena gente. “¿En qué puedo ayudarlos?”. Le explico, amargo, mi problema. “Sí, me acaban de informar sobre su problema. Déjeme ofrecerles nuestras disculpas”, repite dos veces. “¿Y qué hago con el préstamo que les tengo que pagar a ustedes y que me están cobrando los intereses porque ustedes mismos no me quieren desbloquear mi cuenta?”, le pregunto. “Señor, mañana, al mediodía, comprendo su malestar”, dice sin nada de preocupación, sin voz ni voto, acomodado en un lugar que no sirve para solucionar problemas.
Abuso, negligencia e ineptitud puras. Y después se preguntan por qué no ganó Lourdes Flores Nano.

Última modificación ( viernes, 12 de mayo de 2006 )
 
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