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* Identidad trujillana
miércoles, 13 de febrero de 2008
Por Luis Santa María Calderón
Embajador de Perú en Venezuela

Una encuesta publicada recientemente en el diario La Industria, revela que una abrumadora mayoría de trujillanos no conoce que cada 29 de diciembre se conmemora la fecha en que en el año 1820, Trujillo proclamó la independencia de España. Asimismo, que solo un 22% se siente orgulloso de ser trujillano por sus tradiciones, y que un lamentable 34% siente “vergüenza” de su ciudad por causa de la delincuencia, la corrupción y la suciedad en sus calles. Indudablemente se hacen evidentes en esta encuesta ciertos aspectos históricos, culturales y sociológicos, mezclados con aspectos coyunturales como la inseguridad ciudadana, la suciedad y hasta el descuido del centro historico.
Sin embargo no deberíamos renegar de la gracia de vivir en esta bendita tierra, cuyo amor al terruño nos debe impulsar a luchar denodadamente por su desarrollo, crecimiento y grandeza, retomando las banderas ancestrales que durante toda su historia los antiguos norteños han levantado ejemplarmente, y que nos deben impulsar a entregar a las futuras generaciones un Trujillo grande.
En el Trujillo de hoy probablemente existan pocas familias que tengan varias generaciones trujillanas ancestrales. Sin embargo, si nos referimos al Trujillo antiguo del cual somos herederos, representado por la antigua Intendencia de Trujillo y la diócesis que en el siglo XVIII recorrió durante 20 años el obispo de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez de Compañón y Bujanda, vemos que Trujillo comprendió las actuales regiones de La Libertad, Cajamarca, Lambayeque, Piura (colindando con Quito), San Martín, Amazonas y parte de Loreto.
Esta Intendencia de Trujillo sufrió con el paso de los años varios cercenamientos, y luego de la independencia nacional, por ley del Congreso Constituyente de 1825, en reconocimiento a la campaña libertaria y a la partic ipación de sus ciudadanos, Simón Bolívar denominó al departamento de Trujillo con elnombre de La Libertad, quedando solo su capital con el nombre de Trujillo.
Hasta hace solo pocos años, la capital comprendía no solo la actual extensión metropolitana provincial sino también a las provincias de Virú y Ascope, por lo que todos los nacidos en esta área eran realmente trujillanos, situación que en la actualidad ha variado.
Y en el Trujillo de hoy residen tanto los nacidos aquí como los que por su decisión o diversas circunstancias viven y participan del diario trajinar con entusiasmo, amor, entrega y sacrificio; todos ellos reciben la influencia del Trujillo de antaño. Sin embargo, al estar por las encuestas, hace falta acrecentar la identidad regional con una alta dosis de trujillanismo, que logre motivar en el ciudadano una entrega que vaya más allá de una acción normal para realizar sus actividades, con una mística que propicie la unidad, la fe en el futuro, espíritu de lucha, permanente superación a cualquier adversidad, contando con valores como el respeto a las instituciones y a la ley, la valoración de la tradición familiar, de la puntualidad, de la caballerosidad, la confianza en la palabra empeñada, el respeto por el débil, la solidaridad, la inclusión social, que fueron características ancestrales de los trujillanos.
Estimo que estos valores tienen su raíz en nuestros viejos ancestros, los paijanes que fueron capaces de conquistar y poblar hace cinco mil años las costas del valle Chicama, en la portentosa cultura Moche que enorgullece a cualquier peruano y latinoamericano por su alta calidad cultural comparable con la cultura egipcia, en los Chimú, artífices de una alta ingeniería, organización, arquitectura y agricultura, y cuyos vestigios se muestran respectivamente en la Dama de Cao, en la Huaca del sol y la luna, en la ciudadela de Chan Chan.
Durante el virreinato, la Intendencia de Trujillo compitió con Lima, y fue cuna de ideas libertarias como las del fundador de la República José Faustino Sánchez Carrión, que bebió en el Seminario de San Carlos y San Marcelo las ideas republicanas y convenció a Simón Bolívar para venir al Perú a consolidar la libertad. Y existieron hombres que entregaron su patrimonio por la libertad como fue Luis José Orbegoso con su Hacienda Chuquizongo, y luego Trujillo fue sede de la capital del Perú y de la Asamblea Constituyente, de la primera Universidad Republicana y de la primera Corte de Justicia del Perú. Trujillo durante todas las épocas y en los momentos en que nuestra patria los necesitó, tuvo héroes como Ricardo O’Donnovan y Justiniano Borgoño quienes junto con muchos patriotas defendieron al país en la Guerra del Pacífico. Y héroes civiles y filántropos como Cecilio Cox Doray que entregó su fortuna para evitar el saqueo de Trujillo por el enemigo, como Luis Albrecht que hizo lo mismo para salvar los pueblos de Chicama. Tujillanos como Víctor Raul Haya de la Torre, con ideas avanzadas de justicia social que sembraron la social democracia en América Latina y cuya generación trujillana en 1932 realizó la primera revolución civil contra la dictadura que produjo miles de mártires y sacó a la luz hombres de la talla de Carlos Martínez de Pinillos que se negó a bombardear su ciudad. Héroes como Juan Anselmo Hoyle Palacios, teniente que cayó en acción heroica en el conflicto con el Ecuador en 1942. Y existen muchísimos otros héroes anónimos. Los ideales de esos trujillanos deben ser la lámpara votiva para las nuevas generaciones.
Ante la realidad que nos muestra la encuesta, corresponde a todos, especialmente a las instituciones públicas y privadas como el Gobierno Regional, colegios, escuelas, universidades, organizaciones gremiales, municipalidades provinciales y distritales, medios de comunicación, etc., de todos los niveles, participar en una cruzada para que se enseñe la historia y los valores de Trujillo que seguramente dará como resultado que los próximos 29 de diciembre no sean pálidas celebraciones casi ignoradas, sino que al repique de campanas como se hizo a las 12 del día del 29 de diciembre de 1820, se sumen un cúmulo de acciones, que celebren acontecimientos y obras ejecutadas en las últimas décadas, y que la ciudadanía vibre con su recuerdo histórico, y que constituya la primera celebración cívica de un Trujillo que tenga orgullo de su pasado, satisfacción de su presente y que se proyecte con optimismo, responsabilidad y grandeza hacia su futuro.
 
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